¿Es su hijo adicto a la tecnología?

Señales que le indicarán si el uso de los aparatos tecnológicos se está convirtiendo en un dolor de cabeza en casa.

Es una realidad. Los seres humanos no podemos vivir sin internet, sin redes sociales, sin la tecnología. Es una herramienta que provee información, actualidad y, en muchos casos, bienestar. Sus ventajas y beneficios son infinitos.

Sin embargo, en muchos casos, estamos haciendo mal uso de este elemento, desarrollando un abuso y, en condiciones más graves, una adicción. En especial, cuando se trata de la población joven, pues es una etapa en la que no es tan fácil hacer un control minucioso del uso de la tecnología y donde esta se está volviendo, cada vez, más necesaria.

Por ejemplo, según un boletín del Dane sobre los Indicadores Básicos de Tenencia y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación – TIC en Hogares y Personas de 5 y más años de edad, en el 2014, “el rango de edad con mayor porcentaje de personas que reportaron haber usado internet fue entre los 12 y 24 años de edad (79,6%). Le siguieron, en orden de importancia, el grupo de edad entre 5 y 11 años (58,4%) y entre 25 y 54 años (49,5%)”.

Ese mismo informe indica que 48,2% de las persona usan el computador todos los días de la semana; “44,3% los hicieron al menos una vez a la semana, pero no cada día y 6,5% lo hicieron al menos una vez al mes, pero no cada semana”. En cuanto al uso de internet: “51,1% lo hicieron todos los días de la semana; 41,8% los hicieron al menos una vez a la semana, pero no cada día y 6,2% lo hicieron al menos una vez al mes, pero no cada semana.

Ahora, la tecnología en sí no es negativa; es el uso que le damos el que la convierte en un hábito negativo.

Entre el abuso y la adicción

Martha Suescún, directora general de la Fundación Libérate, centro especializado en prevención y tratamiento de las adicciones, indica que son muchos los factores que influyen para que los chicos inicien el abuso de la tecnología y generalmente es lo que vemos en el día a día.

Los padres suelen decir que sus hijos se la pasan ‘pegados’ al celular, las tabletas o los videojuegos, actividades más comunes para los jóvenes.

“Normalmente ese es el discurso de los papás. Y se presenta cuando aumenta la frecuencia del uso de la tecnología, la cantidad de horas, y se genera un abuso porque les cuesta desconectarse. No reconocen el problema, a pesar de que saben que les causa dificultades, pero continúan ahí”.

Pero cuando hay adicción y dependencia, las características cambian. “Porque ya la dependencia les genera intolerancia. Es decir, necesitan más tiempo para estar pegados a la tecnología. Y presentan abstinencia, que significa que cuando no tienen acceso a ella, se vuelven irritables, hostiles y agresivos, en algunos casos. Cuando ya un chico se vuelve dependiente, estamos hablando de que perdió el control”.

Según un estudio citado por el diario El País en su página Web y elaborado por la ONG Protégeles, “el 21,3% de los jóvenes está en riesgo de convertirse en adicto a las nuevas tecnologías. Y el 1,5% ya lo es”.

Generalmente, los niños que se vuelven adictos a la tecnología tienen historias de ansiedad, dificultad para controlar sus impulsos; son muchachos que vienen de familias donde no hay límites, normas, ni disciplina. Son vulnerables. Les gusta las sensaciones extremas, son influenciables y tienen algún déficit con sus relaciones sociales, entonces se conectan perfectamente con el videojuego, o ya sea con el celular, las redes sociales. Pareciera que les diera poder.

Para saber si el niño se vuelve adicto a la tecnología, hay que evaluar otras características: “los chicos se aíslan, tienden a no compartir ya con su familia, les cambian sus hábitos en cuanto al sueño, a la higiene, a la presentación. Pasan mayor tiempo conectados que en sus actividades diarias; sus pensamientos están permanente relacionados con situaciones que tengan relación con la tecnología, ya sean revistas, juegos, aplicaciones nuevas. Descuidan su parte académica y su parte laboral”, explica la experta.

Manejo diario

Si el adolescente está abusando de la tecnología, el papel de los padres es fijar límites y algunas reglas. Por ejemplo, aconseja Suescún:

  • Lo más importante es colocar horarios; primero están las actividades académicas, antes que estar conectados al celular, el computador o el videojuego. Que este último no se convierta en una manera de escape para asumir su realidad.
  • Muchos padres están ocupados y le entregan el celular al niño para que también se ocupe y no les demande atención. Un grave error de los adultos. Es muy importante el ejemplo porque los padres piden que sus hijos no estén conectados, pero es importante ser coherentes de lo que estamos pidiendo con lo que estamos haciendo.
  • Son los adultos quienes deciden en qué momento, lugar y a qué horas juegan o están conectados sus hijos. Hay que entender que son los padres los que tienen autoridad frente a adolescentes y niños. Muchas veces se confunde el rol y son los niños los que tienen el poder en la casa.
  • En el caso de los jóvenes es vital prohibir el uso del celular, mientras la familia se encuentra en la mesa.
  • Si el joven tiene dificultades académicas, el padre debe restringir el celular. La tecnología brinda muchas ventajas para desarrollar la creatividad, hacer trabajos, tener un chat con los compañeros, pero si su uso se va al extremo, debe haber vigilancia y supervisión por parte del adulto.
  • Entregar un celular, mínimo, a los doce años de edad.
  • El tiempo de conexión, entre semana, debe ser limitada; se aconseja una hora. La prioridad son las obligaciones académicas.
  • En vacaciones, aprovechar el tiempo para hacer deporte, mantener los horarios, ir al parque, etc.