Los huesos: una prioridad en la adultez

Llegar a la tercera edad implica fortalecer varios órganos y tejidos de nuestro cuerpo, así mismo, tener especial cuidado con los huesos. Consejos claves.

La masa ósea aumenta durante la juventud, se hace más fuerte alrededor de los 30 años para, posteriormente, empezar a perder calcio. Este desgaste es más acelerado, después de la menopausia. De allí, la importancia de cuidar su cuerpo y fortalecer los huesos, incluso ya en la tercera edad.

Es importante tener en cuenta que, aunque los médicos siempre advierten sobre cuidarse de padecer algún accidente, fractura o caída, lo más importante es mantener hábitos sanos para que los huesos se encuentren en el mejor estado posible, ante alguna eventualidad. Esto se logra con una adecuada dieta, actividad física cotidiana y el consumo regular de calcio, que puede provenir de los productos lácteos y de la exposición al sol, del cual absorbemos la vitamina D en la piel y nos ayuda a tener huesos fuertes.

Buenos o malos niveles de calcio

Clínicamente no existe ninguna forma de saber cómo están los huesos. Incluso, si hay huesos débiles, estos no tiene por qué doler. Pero sí existe una manera de ver su estado, después de los 50 años, a través de un examen llamado densitometría ósea, la cual determina la densidad mineral ósea.

Este se determina, según los factores de riesgo y antecedentes familiares. Las personas más propensas de padecer problemas en los huesos son las mujeres de raza blanca, los de la tercera edad y aquellos que hayan tenido familiares con fracturas frecuentes. Además, con antecedentes de alcoholismo, anorexias, cáncer, alergias, diabetes, problemas de tiroides, artritis, lupus, etc.

En general, las mujeres se realizan la densitometría, tras pasar los 65 años y los hombres, los 70. El principal síntoma de desgaste en los huesos es la fractura, pero el geriatra Jorge Fernando Paz Carriazo indica que es un síntoma muy tardío y lo ideal es prevenir. En principio, el consumo de lácteos y sus derivados es primordial; lo mismo, que los granos, ya que algunos de estos también contienen calcio. La cantidad: “el consumo debe ser, mínimo, de 600-800 miligramos de calcio. Y vitamina D: mínimo, 800 unidades al día”.

También es fundamental tener una dieta balanceada. Ahora, para consumir suplementos de calcio, es vital consultar con un especialista, pues esto tiene ventajas y desventajas. “Lo ideal es impulsar a que la persona aumente su ingesta de calcio, a base de dieta. No tanto a través de suplementos porque pueden aumentar el riesgo de la presencia de cálculos en las vías urinarias”.

En cuanto a los ejercicios, son importantes las prácticas aeróbicas, que estén relacionadas con correr, caminar, bailar porque son ejercicios que estimulan la producción del hueso”.

También hay que mantener un peso corporal adecuado porque las personas delgadas tienen más probabilidades de padecer problemas óseos. Así mismo, hay que evitar el consumo de cigarrillo, alcohol y controlar el consumo de medicamentos que puedan afectar los huesos.

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El médico será la persona idónea para analizar y evaluar otras medidas necesarias o el consumo de otros medicamentos, tras diagnosticar la posibilidad de padecer osteoporosis y/o de padecer alguna otra enfermedad que tenga relación con el desgaste de los huesos.

Prevenga accidentes

La prevención frene a las caídas es fundamental en una persona de la tercera edad. “Es vital tener una adecuada salud ósea porque el impacto de una fractura o caída va a tener una carga de mortalidad muy grande. Y con una dieta y estilo de vida saludable se van a poder prevenir esos riesgos o asumir consecuencias”, dice el geriatra.

Evite el peligro y adapte su hogar a un ambiente adecuado, con mínimos obstáculos, materiales seguros, evite alfombras sueltas o espacios oscuros. La actividad física ayudará a manejar su equilibrio.

Y recuerde…

Según una publicación del National Institute of Arthritis and Musculoskeletal and Skin Diseases, estas son las principales fuentes de calcio:

  • Tofu (fortificado con calcio)
  • Leche de soya (fortificada con calcio)
  • Verduras de hojas verdes (por ejemplo, brócoli, coles, hojas de mostaza)
  • Col o repollo chino
  • Fríjoles o legumbres
  • Tortillas
  • Sardinas o salmón con huesos comestibles
  • Camarones
  • Jugo de naranja (fortificado con calcio)
  • Pizza
  • Pan
  • Nueces o almendras
  • Productos de leche (leche, queso, yogur)