Depresión Infantil, ¿cómo identificarla en los niños?

Hoy, se estima que el 2 por ciento de los escolares y entre el 4 y 8 por ciento de los adolescentes presentan depresión infantil.

El psiquiatra Daniel Felipe Garzón explica sus causas, síntomas y tratamiento.

Depresión Infantil

¿Qué es la depresión infantil?

Es una enfermedad del estado de ánimo, acompañada de una serie de síntomas que tienen una intensidad, duración y compromiso, a nivel funcional del niño o adolescente. Hay que diferenciarla de estados de tristeza o aburrimiento.

¿Cuáles son esos síntomas?

En general, entendemos como depresión la presencia persistente de ánimo triste e irritabilidad. Uno de los síntomas cardinales es la ‘anhedonia’, pérdida de placer en actividades que usualmente se disfrutan. También pueden aparecer fatiga, ideas de minusvalía, sensación de inutilidad y de culpabilidad infundadas, problemas atencionales o de concentración, problemas en el apetito, falta de sueño y, en algunos casos, ideas de muerte. Este último síntoma es un indicador de severidad mayor.

¿En los niños más pequeños, hay señales particulares?

En los preescolares suelen presentarse quejas somáticas; es decir, dolores de cabeza o estomacales, acompañados de ansiedad de separarse de los padres, poca tolerancia a la frustración y pérdida de control de esfínteres. En los niños de 7 a 12 años, puede haber hiperactividad y, en los adolescentes, ideas de suicidio y consumo de sustancias.

¿Cuáles son las causas asociadas a la depresión infantil?

Hay factores biológicos, psicológicos y sociales. Dentro de los primeros, encontramos los antecedentes familiares de depresión y problemas a nivel endocrino. Entre los factores psicológicos están el maltrato infantil y el abuso sexual y, en los sociales, el acoso escolar. La disfunción familiar también es un factor de riesgo. Por eso, es importante que los padres tengan una relación armónica y funcional, y sean comprensivos, empáticos y abiertos con el niño.

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¿Cómo se trata?

Hay depresiones leves, moderadas y severas. Las primeras suelen tener apoyo de psicoterapia. Las moderadas y severas ameritan, además, intervención de psiquiatría con manejo farmacológico. En estas se indica, además, el inicio de actividad deportiva, muy útil como tratamiento coadyuvante.

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